“La aceptación es fundamental” – Diálogo con Ludmila Marcote

Dicen que cuando uno ya es grande y mira hacia atrás, puede valorar su propia vida en función de las experiencias y de las vivencias que ha tenido. Es lo que podemos llevar con nosotros, lo que nos quedó adentro. Lo material fue perdiéndose detrás, a lo largo de nuestra trayectoria. Entonces, ¿por qué no asegurarnos que nuestras experiencias y emociones sean provechosas hasta el último momento?

Eso es justamente lo que se le ocurrió a Ludmila Marcote, quien -junto a su socia Lucía Rebagliati- decidió fundar En Compañía. Una empresa que promueve el bienestar de los <<mayores de 60>> a través de integración, diversión y otras actividades. Tiene en cuenta la calidad de vida de los más grandes de nuestra sociedad.

Lo más interesante del caso es que Ludmila y Lucía consiguieron el premio Buenos Aires Emprende 2010. Evidencia de un talento muy particular para conciliar vocación con una solución sustentable. Ejemplar para las aspiraciones de mucha gente joven, Ludmila –de 29 años- ya es su propia jefa y trabaja de lo que le gusta.

Esta convergencia no es menor, y por eso tratamos temas como: el temor a reconocerse mayor y la negación de la edad, el esfuerzo de emprender, la empatía y el contagio emocional, la soledad, la necesidad de ser útil. Y un cerebro que sigue activo y plástico cuando se es adulto.

Ludmila tiene la personalidad justa para promover ese vínculo que concilia dos generaciones… con dos generaciones de diferencia. 

 

- Tu rol es observado por dos sectores bien definidos, evidencia de las dos vetas fundamentales de tu trabajo. Un sector es la gente mayor. Y el otro es el nicho de jóvenes que quieren emprender o ya son emprendedores. Ese grupo que no quiere trabajar en relación de dependencia, sino ser su propio jefe. ¿En dónde pones tu mayor esfuerzo? ¿En emprender o en los mayores?

[Ludmila] – Se trata del equilibrio entre las dos cosas. Están en una balanza constante. Es importante ver al segmento en el que estás trabajando, porque si haces algo que no necesitan, no sirve. O sea, el proyecto queda estancado. Igual, si tuviera el segmento pero no tuviera el impulso que requiere un emprendedor, también se cae. Tiene que ser sostenible y tenés que estar atento a poder sobrellevar todas las caídas, porque no todo sale en el momento que querés y cómo lo querés, sino que tenés que estar dispuesto a la frustración. Y si no tenés la fuerza que debe tener una persona que se hace cargo de su propia empresa, eso se pierde y podría quedar en “el intento de…”.

  

- Ese es el desafío que estás sobrellevando muy bien con tu producto, con tu empresa. Es claro que hay una pasión en vos: justamente, atender a la gente de más de 60. Pero al mismo tiempo no podés perder de vista que tu negocio tiene que ser rentable.

[Ludmila] – Y ahí viene el equilibrio. Incluso, cuando empezamos a trabajar nos costaba ver la veta de “cómo obtenemos plata de esto…”. Nos daba cosa. Uno ve que viven con lo justo, están cobrando la jubilación, y se pregunta “¿cómo van a pagar esto…?”.

 

- ¿Culpa, al principio?

[Ludmila] – Exactamente. Culpa porque hay gente que por ahí dejaba de participar porque no tenía plata, no porque no tuviera interés. Incluso hoy hay un ida y vuelta entre socias: Cuando empezamos una actividad pensamos cuál es el precio que vamos a poner y entonces cuánta gente lamentablemente estamos dejando afuera. Cómo hacer para que esa gente pueda hacerlo de otra manera.

Además te lleva tiempo encontrar ese punto de equilibrio. Nosotras empezamos haciendo unos talleres que hoy día no son nuestro core, nuestra tarea principal. Porque encontramos servicios que son más rentables para nosotras, aunque nos llevó 2 años darnos cuenta de eso. Igualmente los seguimos haciendo, delegando la mayor cantidad de tareas. Es ese equilibrio entre qué nos gusta hacer y qué es lo más rentable de lo que nos gusta hacer.

 

- Tu segmento cliente, los mayores de 60, deben percibir tu pasión por lo que hacés, ¿no?

[Ludmila] – Todos. Todos te lo dicen. Les llama la atención nuestra edad y que se nota que lo que hacemos nos gusta, por el trato que tenemos con ellos todos los que trabajamos en En Compañía.

 

- Vos empezaste con tu socia; y si esto sigue exitosamente se van a expandir cada vez más. ¿Cómo hacer para conservar esa impronta personal de pasión cuando la gente que puede anexarse a tu empresa podría no tener la tolerancia ni esa especie de amor por lo que uno hace, sino trabajar mecánicamente?

[Ludmila] – Yo creo que eso se contagia. La pasión y trabajar con ganas… A pesar de ser éste un segmento que no puede pagar mucho, vemos que la gente que trabaja para nosotras le pone todo lo que tiene que ponerle. Y en las reuniones semanales nos contagiamos mutuamente. Ése es el espíritu que buscamos: una persona que haga. Lo fundamental es hacer. Si alguien propone algo, nos preguntamos cómo, cuándo, dónde.

Y es fundamental que cada persona que ingresa tenga trato con las personas mayores. Está antes de tener conocimiento. Porque si no tenés conocimiento, te podemos capacitar. Pero si no tenés paciencia, si no te gustan las personas mayores, no.

 

- Contagiar entusiasmo, el objetivo de tu empresa como mismo se declara en la web, ¿puede hacerlo una propia clienta?

[Ludmila] – Exacto. Y es la mejor forma. Entre ellas se van apoyando y entusiasmando y sintiéndose más cómodas. Yo siempre cuento el caso de Elba. Llegó un día a la sede Belgrano… por Septiembre del 2009, que era invierno y hacía mucho frío. Tenía un gorrito blanco, mujer chiquitita, flaquita… empezó a hablar y se llevó la reunión por delante. Se transformó en “la” diva. Elba, con 91 años, contó que había hecho remo en el tigre hasta los 87 y había manejado hasta los 90. Seguía súper activa, porque toda su vida fue así. Vivió en un montón de lugares del mundo. Sus últimas vacaciones habían sido en Brasil, en un crucero, con la hermana… Y así las llevó a que comenzaran a planear viajes… a Punta del Este… ¡Hasta se propuso Canadá!

 

- Hay mucho de empatía… La percepción que el otro tiene de nuestras intenciones y de nuestras emociones. ¿Cuál es la emoción más difícil en la gente mayor de 60, esa que te cuesta mucho manejar?

[Ludmila] – Hay una especie de tabú con el término <<tercera edad>>. Nos han dicho “No me siento <<de la tercera edad>>; ni tampoco <<mayor de 60>>. No me rotules así”. Yo comparo la etapa de nuestros servicios con la etapa de la universidad: tenés 18 años y vas a la universidad. Acá tenés 60 y dejaste el trabajo. Justamente, calificamos el segmento como “mayores de 60” porque es el momento en que dejás el trabajo. Y está bueno tener ofertas de cosas nuevas para hacer. No verlo como algo negativo sino como algo positivo.

Pero eso está en cada uno. Y hay personas que no están viniendo a las actividades por temor a que sea algo “para viejos”. Concepto que los lleva a sentirse mal. Nos han llegado a comentar: “Me encantó la actividad. Pero al ver que los demás son todas personas mayores… no me dan ganas de seguir. De alguna manera me veo en un espejo que no me gusta”.

 

- Si niegan que tienen más de 60, evitan sentirse “viejos”. Pero también se evita la pertenencia. Nuevamente, la empatía. ¿Cómo transformar esta negación en algo positivo?

[Ludmila] – La gente que viene a nuestras actividades tiene un punto a favor. No sólo aceptar la edad, sino divertirse, pasarla bien y además sentir esa pertenencia. Lo que escuchamos de boca de la gente que viene es que han ido perdiendo sus amistades –hasta van muriendo-, la mayoría tiene sus hijos trabajando –como todos, con nuestro ritmo-, su marido o su mujer también se fue… Se van quedando solos. Realmente es una etapa difícil, que a unos les toca temprano y a otros no. Pero los que mejor lo sobrellevan son los que aceptan: Hacen cosas y conocen gente. Esos están geniales.

 

- La soledad es una emoción muy dura en los seres humanos. Leí un libro de John Cacioppo, [<<Loneliness>>, <<Soledad>>], un pionero de la neurociencia social. Y el tipo analiza la experiencia: Como somos seres sociales, la soledad pone a nuestro cerebro en estado crítico. Eso lo ves en la gente grande…

[Ludmila] – Hay un grupo en Caballito al que una vez le habíamos organizado una actividad en la que había que leer un fragmento de texto en voz alta, en un punto continuaba una siguiente persona, y así sucesivamente. Una señora quería leer todo el texto ella, lo que generó una discusión con las demás. Luego nos contaba: “Chicas, necesito leer porque cuando vuelvo a mi casa estoy sola… ¡y con lo único que hablo es con el televisor! Necesito sacar mi voz para fuera”. Si eso no te habla de soledad… ¡pucha! Y esa señora es sólo una de algunas personas que a nivel emocional está mal. Le cae mal cualquier cosa.

 

- Cuanto más dolor tenés adentro, más irascible estás.

[Ludmila asiente] – Sí. Se nota cuando esas personas entran. No hace falta siquiera que hablen. Realmente la soledad les hace mal.

 

- Hasta hace no mucho se pensaba que uno nacía con un cerebro dotado de una cierta cantidad de neuronas que se perdían con el tiempo y listo. No había más nada que hacer. Pero la neurociencia descubrió la neurogénesis adulta: siguen naciendo neuronas nuevas aún cuando somos grandes. Y además tenemos plasticidad neuronal a cualquier edad: podemos estimular sus re-conexiones. ¿Cómo puede aprovecharse esto?

[Ludmila] – Nosotras aprovechamos la plasticidad de las sinapsis entre las neuronas aún en edad avanzada cubriendo tres tipos de intereses: el divertirse, el relacionarse, y el seguir aprendiendo. Estimulamos las funciones cognitivas permitiendo que la gente siga aprendiendo cosas de cultura general. Y ahora estamos incorporando la parte física.

 

- ¿La natación es clave o es un mito?

[Ludmila] – Es clave. La mayoría hace AquaGym. Y también Yoga. Que, junto con las caminatas, son las actividades que más se recomiendan.

 

- ¿Viste esa autoeficacia que todos necesitamos tener? Esa sensación de que podemos lograr cosas, de que somos capaces, de que podemos controlar nuestro entorno. Cuando uno es joven o veterano, puede ir desarrollándolo en la vida. Ahora bien, dejar de trabajar creo que debe erosionar esa autoeficacia. ¿Cómo se refleja eso?

[Ludmila] – Empezamos a hacer cursos y talleres después de las seis de la tarde porque hay gente que tiene menos de 60 pero que ya sabe que al poco tiempo se va a jubilar; y como quiere seguir sintiéndose útil empieza a hacer cosas desde antes. Contribuimos a prepararlos para encarar la siguiente etapa. Tienen varias actividades y cuando llegan a los 65 ya tienen una vida armada paralelamente. Fueron construyendo un buen camino.

Incluso hay gente que ha venido a nuestros talleres que tiene nuevos proyectos laborales. Independientes. Estuvieron toda la vida en relación de dependencia y cuando llegan a los 60 hacen aquellas cosas que no pudieron hacer antes. Y lo organizan de antemano. El promedio de vida se extendió. La gente es más grande y sigue estando sana y bien física y mentalmente; puede seguir trabajando. Se vive 80 tranquilamente en muchos casos, y bien.

 

- Sacamos a la luz un tema inquietante. La esperanza de vida. A la persona mayor ya le empieza a preocupar el plazo para planificar. ¿Eso puede paliarse? ¿Puede motivarse a alguien a no pensar negativamente?

[Ludmila] – Te digo que la gente que viene a nuestros talleres se lo toma con mucho humor. Les bromeamos que hacemos una promoción de <<si-pagás-el-año-te-hacemos-un-descuento>>. Y te responden: “Olvidate, ¡yo no sé si llego al mes que viene!”. [Se ríe]. Es la actitud de la persona que acepta: lo lleva bien. La aceptación es fundamental. Hay gente que realmente la pasa bien los últimos años de si vida. Dicen que es la edad dorada. La gente que permanece en nuestras actividades tiene ese perfil.

Si tenés un cierto sostén económico que te lo permita, podés tener una muy buena vida porque tenés tiempo que antes no tenías. Ni tampoco las presiones sociales. Hay gente que lo aprovecha y te dice: “Tengo 10 años más para molestarte acá en En Compañía”. Eso me encanta.  □

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