El efecto Placebo y el Nocebo

          Cuando se hacen estudios científicos que involucran administrar sustancias a pacientes, suele dividirse a los individuos en grupos, uno de los cuales es el de ‘control’. A este grupo, en vez de darle el químico o el medicamento verdadero, se le da un ingrediente neutro que no hace nada. Como por ejemplo, alguna píldora hecha de azúcar. Por supuesto, no se revela a los individuos que no les están suministrando la sustancia real. Esto permite controlar los efectos psicológicos y sociales no específicos de un cierto tratamiento.

          Pero hete aquí que algunas personas del grupo de control verdaderamente experimentan beneficios y curan notablemente con simples píldoras inertes. Éste es el famoso efecto placebo. El asunto siempre fue inquietante en el mundo de la medicina, porque aquellos beneficiados por el placebo pueden oscilar entre un 30% y un 60% de los pacientes. Fijémonos que éstos mejoran, en principio, ¡porque creen que están recibiendo el medicamento genuino!

          Para la medicina escéptica, en el mejor de los casos los efectos placebo suelen ser considerados irrelevantes. Aún así… si abordamos la cuestión de manera seria, la investigación que involucra placebos provee información crítica acerca de cómo la mente, el cuerpo y la cultura contribuyen a sanar. Podemos asumir al placebo como una herramienta muy útil: evaluar los factores que contribuyen al placebo puede aportar a una ciencia de la sanación.

          ¿Qué tiene que ver esto con las emociones? Para ilustrar, enfrentemos el fenómeno exactamente opuesto: ¿Qué sucede si el médico suministra el medicamento que sí es efectivo –esta vez nada de pildoritas azucaradas- pero dejando entrever con una opinión negativa que no funcionará? Aunque esto suceda sin premeditación ni mala intención, en algunos pacientes tiene tal impacto negativo que se ha acuñado el término nocebo para describirlo.

          La idea del nocebo ha sido validada en entornos tales como los quirófanos. Aún estando los pacientes anestesiados y no conscientes, si los cirujanos hacen comentarios como que ‘las posibilidades de curación son escasas’ o que ‘la gravedad de la situación es mayor a la supuesta’, aquellos tienden a comportarse según estos pronósticos y no verifican recuperación. Consecuentemente, se ha llegado a que las prácticas habituales hoy día en los quirófanos involucren no hacer observaciones negativas durante las intervenciones.

          El famoso autor de autoayuda y doctor Deepak Chopra se ha sumergido en lo profundo de la medicina mente-cuerpo. Él concluye que mientras más positivas sean las opiniones que exprese el cirujano, más positivo será el resultado para el paciente. Es de su entender que la cuestión más profunda radica en que cualquier cosa puede funcionar como un placebo o un nocebo, pues la interpretación que formula el paciente –sea sobre una medicina inocua o sobre la actitud del médico- es tremendamente influyente. Chopra ha atestiguado casos de remisiones espontáneas en cuadros muy graves, dadas en un marco de actitudes positivas del enfermo.

          Las emociones derivadas de las interpretaciones tienen una contribución real sobre los estados inmunológicos y endocrinos del organismo.

          En definitiva, el contexto en el cual se ofrece un tratamiento cambia su sentido y por ende sus efectos. Ni las intervenciones en sí mismas ni los placebos son indiferentes al sentido asumido por el paciente ni al contexto.

          Walach y Jonas investigaron cómo maximizar los factores que contribuyen al placebo. Identificaron, entre otras, las siguientes maneras de incrementar la mejoría:

  • Vincular la apariencia de las pastillas (como el color y el tamaño) con el efecto deseado.
  • Suministrar la terapia de una manera cálida y dedicada.
  • Suministrar la terapia con confianza y de una manera creíble.
  • Determinar en qué tratamiento el paciente cree o no.
  • Asegurarse –como terapeuta- que uno mismo cree en el tratamiento.
  • Incorporar métodos de reafirmación, relajación y reducción de la ansiedad.
  • Escuchar con empatía y entendimiento.
  • Tocar afectuosamente al paciente.

          En los ítems de arriba indiqué ciertas palabras con itálica. Fijémonos que aluden directamente a términos emocionales o están íntimamente vinculados con las emociones.

          La actitud de los profesionales de la medicina y la relación entre los pacientes y los médicos son fundamentales para propiciar procesos emocionales favorables que tengan consecuencias beneficiosas en el organismo. Esto es, aumentando las defensas, regulando las hormonas y los neurotransmisores idóneos para propiciar un mejor estado de salud.

          También es fundamental la convicción del paciente sobre su mejoría y sobre los resultados positivos de cierto tratamiento. Y esto está relacionado con la esperanza, la fe, y todas las emociones que anticipan un porvenir dichoso.

  

Ref.:

  • Chopra, Deepak (1989), La Curación Cuántica: Explorando las fronteras de la medicina mental y corporal; Grijalbo; México DF, 1998; (pp 173 a 179).
  • Walach, Harald y Jonas, Wayne B. (2004), <<Placebo Research: The evidence base for harnessing self-healing capacities>>; The Journal of Alternative and Complementary medicine, Vol. 10, Suppl. 1, 2004, pp S103-S112.
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