Emociones con sabiduría

          De vez en cuando aparecen personas que consiguen ver la realidad de otra manera. Esos son los grandes creadores, los inventores, algunos científicos y hombres de negocios. Allí donde los demás ven lo habitual y no distinguen nada nuevo, aquellos advierten patrones ocultos. Napoleon Hill, uno de los primeros autores norteamericanos de autoayuda, ya decía allá por la década del ’30 que la gente exitosa es aquella que logra vislumbrar oportunidades donde los demás no las detectan. Quienes idean productos boom en el mercado, como Steve Jobs con sus iPods, iPhones, iPads, suelen tener estos cristales. Cosa semejante sucede con los filósofos que adoptan ángulos novedosos para abordar ciertas cuestiones, o con los apasionados en sus disciplinas que no se dejan aturdir por cómo las cosas parecen ser. Sino que perciben el código fuente tanto en el árbol como en el bosque.

          Norberto Levy es uno de ellos. Él fue capaz de plasmar en pocas páginas -y de manera superpedagógica- una perspectiva diferente sobre las emociones. Por supuesto que su trabajo es el resultado de años de ejercicio de su profesión como médico psicoterapeuta. No obstante, no puede negarse que este libro presenta un abordaje original: allí donde la mayoría ve negatividad, futilidad y confusión en emociones como el miedo, el enojo, la culpa, la envidia y la vergüenza, Levy encuentra resolución y practicidad.

          Levy apela a la constitución de nuestro cuerpo para comenzar a orientarnos en la utilidad de las experiencias emocionales. Nuestras extremidades tienen un propósito determinado; nuestros órganos cumplen funciones muy concretas, ¿verdad? Pues bien, ¿por qué no habrían de cumplir funciones muy concretas las emociones? Si todos las tenemos dentro, como a los riñones, al hígado y a los pulmones, es por algo.

          En este sentido, la argumentación de Levy comparte terreno con los principios de la psicología evolutiva. Si bien este autor argentino no recurre a los fundamentos biológicos de las emociones ni a cómo pueden haber evolucionado desde nuestros antepasados, sí toma como estandarte la funcionalidad de las mismas. Su presencia en nuestros cuerpos y mentes de hoy día es indicio de que algún beneficio deben de haber traído a los humanos y prehumanos de antaño.

          Las emociones habitualmente llamadas <<negativas>> verdaderamente no son tales, sino que son señales de mucho valor acerca de los obstáculos se nos presentan y de las motivaciones que llevamos dentro. Si conseguimos hacer uso de ellas como si fuesen tableros de control de una nave (en este caso la nave sería cada uno de nosotros en el camino de la vida), las luces nos resultarían guías muy propicias.

          Es así como el miedo, por ejemplo, puede ser harto beneficioso. La forma en la que Levy aborda el miedo me resulta particularmente interesante, y no sólo porque es el primer capítulo de su libro y le dedica su buen principio explicativo. Sino también porque consigue descomponerlo en elementos menores que se articulan para dar lugar a la experiencia temerosa como algo de mayor nivel. Levy los ilustra muy claramente como un juego de contrapesos entre los recursos que tenemos para enfrentar las circunstancias y la amenaza que se nos hace presente. Si esta última es desproporcionadamente grande frente a cómo sentimos que podemos afrontar las situaciones, allí es que entrará en acción la útil alarma del miedo. Nuestra habilidad radicará en reinterpretar las amenazas u oportunamente retirarnos para hacernos de mejores recursos antes de enfrentar nuevamente aquello a lo que tememos.

          Con las demás emociones (enojo, vergüenza, culpa y envidia), Levy hace lo mismo. Escudriña la articulación de evaluaciones mentales (cognitivas) que automáticamente llevamos a cabo y que desembocan en semejantes sentimientos. Y lo hace en un formato accesible, lejos de lenguaje científico… sino eminentemente práctico.

          Por si fuera poco, nos enseña que lo que creemos de cada emoción termina siendo muy importante a la hora de poder apalancarnos en ellas y trabajarlas. El rol social que se les asigna a la envidia, al enojo, al miedo, etc., termina siendo contraproducente. Suelen entenderse como emociones que <<está mal visto tener>>. En algunos casos se aprecian como debilidad y hasta cobardía. Mientras que no nos apartemos del cliché de semejantes carátulas, no conseguiremos trascender paradigmas sociales de un único cristal. Debemos apreciar con otro foco el valor de las emociones para poder llevarnos mejor con nosotros mismos y con los demás.

          ¿Se puede aprender de estas emociones mal llamadas negativas? ¿Se pueden reinterpretar las experiencias para sacarle el jugo al auto-conocimiento y superar los obstáculos? , en efecto, es lo que Norberto Levy defiende. Si él pudo verlo, los demás también. El desafío de su libro es con humildad expresar cómo. Y a mi entender lo logra.

  

Ref.:

  • Levy, Norberto (1999), La sabiduría de las emociones; Plaza & Janés; Barcelona, 2001.
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One Response to Emociones con sabiduría

  1. Guillermo Varone says:

    Conozco y he leído y releído esta publicación.
    Una vision muy pragmática y facil de llevar a la práctica cotidianamente.
    Gracias por la recomendación hace ya unos 7 u 8 años….

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