Los circuitos de la empatía

La empatía pareciera ser el teatro interno donde se recrean las emociones de los demás. Decimos que empatizamos con alguien cuando sentimos su dolor, su tristeza, su alegría o su entusiasmo. La experiencia la conocemos todos: cuando se nos encoge el corazón al ver un chico durmiendo en la calle, cuando nos compenetramos tanto con una película que nos angustian las vivencias del protagonista, o cuando la diversión parece contagiarnos en una fiesta.

¿Qué hay en el fondo de este sentimiento empático? Hace menos de veinte años, los científicos descubrieron un tipo de neuronas muy especial, que se activan tanto cuando hacemos un movimiento -por ejemplo agarrar una taza y levantarla de la mesa- como cuando simplemente vemos ese movimiento. Es decir, las neuronas disparan cuando tan solamente somos testigos de otra persona llevándose la taza. A este conjunto se lo llamó <<neuronas espejo>>, porque es como que reflejaran lo que presenciamos. Este hallazgo es formidable. Significa que parte de los procesos cerebrales que tenemos para mover el cuerpo consiguen reconocer los  movimientos de los demás. Como si recrearan internamente lo que vemos, para hacernos una idea de lo que nosotros podríamos hacer también.

El fenómeno también es válido para los circuitos cerebrales que controlan particularmente el movimiento de nuestros músculos faciales. Con ellos logramos las expresiones en el rostro, tan importantes para la comunicación emocional. Años después de que se vieran las ‘neuronas espejo’ por primera vez -asociadas al movimiento de extremidades-, se hicieron estudios de neuroimagen enfocados con precisión en las reacciones emocionales. (Gente adentro de unas máquinas grandotas que detectan magnéticamente cuáles son las áreas del cerebro que están trabajando más que otras). Los investigadores comprobaron que, justamente, alcanza con ser testigos de las expresiones emocionales de los demás para que trabajen partes de nuestro cerebro que podrían comandar los mismos gestos.

Con la electromiografía se logró verificar algo más asombroso aún. La electromiografía es otra técnica que, mediante pequeñitos electrodos, permite medir los más sutiles cambios eléctricos que se producen en los músculos faciales cuando se activan. Bueno, recurriendo a este procedimiento se consiguió demostrar que, al ver a otras personas poner cara de susto, alegría o tristeza, llegamos incluso a hacer microexpresiones sin darnos cuenta. Movimientos faciales imperceptibles del mismo tipo que estamos apreciando.

He aquí una imitación no razonada, prácticamente automática, que viene cableada en nuestro cerebro. Un detector del estado sentimental de los demás, sumamente fiel y práctico. Estos son los circuitos de la empatía. Tan realistas que construyen el escenario interno donde espejamos la experiencia ajena.

 

Refs.:

• Iacoboni, Marco (2008), Las neuronas espejo. Empatía, neuropolítica, autismo, imitación o de cómo entendemos a los otros; Katz; Madrid, 2009.

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