¿El hombre con dos cerebros?

Cuando llega el comienzo de un nuevo año, uno espontáneamente revisa las cosas más relevantes del que ya terminó. Como se dice en inglés, los “highlights”. Sí, en este blog lo dejé para más tarde que enero… porque me dediqué a disfrutar de las vacaciones y tomarme un recreíto, lo admito. Pero, en términos de neurociencia, uno de los mejores encuentros que tuve el año pasado sucedió en noviembre. Fue con el brillante Michael Gazzaniga, que estuvo por primera vez en el país -en el auditorio de la Sociedad Científica Argentina- gracias a la fundación INECO (Instituto de Neurología Cognitiva). Y no me hubiera enterado si no hubiese sido por una alumna (¡gracias, Silvia!).

Michael Gazzaniga es considerado el “padre de las neurociencias cognitivas”. Profesor de psicología en la Universidad de California, Santa Barbara, Michael es importante porque viene aportando desde hace ya varias décadas respuestas fundamentales acerca de cómo trabaja nuestra mente en base a los procesos neurales del cerebro. Y, por supuesto en consecuencia, también acerca de los principios de algunas de nuestras emociones. Para hacernos una idea de cuán relevante es su trabajo, alcanza con saber que hizo su tesis de doctorado en psicobiología bajo la tutela de Roger Sperry, un tipo que se ganó ni más ni menos que un premio Nobel (justamente, por las investigaciones hechas con Michael).

Allá por la década del ‘60, Sperry y Gazzaniga estudiaron las conductas de pacientes epilépticos que habían sido sometidos a un mismo tipo de operación varios años antes. La cirugía había tenido como objeto aliviar los grandes ataques intratables de epilepsia, y había consistido en “desconectar” los dos hemisferios cerebrales. La práctica se trata de cortar un área del cerebro que transfiere señales entre los hemisferios derecho e izquierdo –llamada cuerpo calloso. Así, los pacientes podían continuar con una vida relativamente normal, sin ataques como los de antes. Se los denominó pacientes con “cerebro dividido”. Sperry básicamente consiguió demostrar que cada hemisferio cerebral funciona como una unidad de procesamiento consciente independiente, y también logró contribuir a que se entienda la lateralización de las funciones cerebrales.

En las investigaciones siguientes que hizo Gazzaniga a lo largo de su carrera, aportó más novedades sobre esa lateralización y sobre cómo los hemisferios se comunican entre sí. La lateralización significa que la corteza cerebral de un hemisferio no tiene las mismas funciones que la corteza del otro. Hay que tener cuidado con las generalizaciones que se hacen en la psicología popular… cosas como que el hemisferio izquierdo es el ‘lógico’ mientras que el derecho representa el ‘cerebro creativo’. Es verdad que pueden medirse diferencias de procesamiento entre un lado y otro, pero en realidad esas diferencias son más sutiles que exageradas. De hecho, por ejemplo, la lógica y la creatividad se procesan a ambos lados, por más que haya cierta tendencia en cada uno de ellos.

De todos modos, una de las cosas más remarcables que descubrió Gazzaniga es una forma de procesar la información, de funcionar, que él llama “el intérprete del cerebro izquierdo”. Después de muchas investigaciones, Gazzaniga se dio cuenta de que el hemisferio izquierdo contribuye enormemente a hacerse explicaciones para encontrarle el sentido a lo que nos rodea, a las circunstancias y a nuestra participación en ellas. El “intérprete” intenta racionalizar y generalizar la información que uno recibe para vincular el pasado con el presente. ¿Cómo lo descubrió? En los experimentos iniciales, Gazzaniga les mostraba una imagen a sus pacientes de cerebro dividido, pero solamente visible a través de sus ojos derechos. (Para el que no lo sabía, lo que ve el ojo derecho se procesa en el hemisferio izquierdo… Sí, por dentro estamos todos cruzados…). En estos casos los pacientes podían dar una explicación de lo que habían visto. Sin embargo, si Gazzaniga les exponía la imagen sólo a sus ojos izquierdos (o sea, si la procesaba el hemisferio derecho), los sujetos declaraban que no veían nada.

 

Gazzaniga presentando en la Sociedad Científica Argentina

Emocionalmente hablando, lo que significa que “el intérprete” esté lateralizado como función, es que del lado izquierdo tenemos una tendencia a procesar el sentido de las cosas. Esto no es meramente un asunto cognitivo, es un asunto emocional. Porque sin hacernos una idea de lo que está pasando, sin hallar coherencia a los episodios de nuestras vidas, nos invade una sensación de desasosiego tremenda. Sentimos disconfort. Imaginemos por un momento que no entendemos lo que está pasando ahora. Que no sabemos por qué sentimos lo que estamos sintiendo, por qué acabamos de hacer una determinada acción o que no reconocemos quiénes somos ni a dónde vamos. Claramente nos invadirá una sensación de incertidumbre tremenda. Quedaremos vulnerables, experimentaremos inseguridad.

La sensación de certidumbre y seguridad que se deriva de poder entender lo que está pasando es una emoción esencial. También lo es la confusión, la inseguridad y el aturdimiento que sobrevienen cuando no nos podemos formar un modelo de cómo funciona la realidad y nosotros en ella. Todo el tiempo estamos intentando comprender qué nos pasa y encontrarle sentido a lo que nos rodea. Incluso en ocasiones la cosa es más profunda e intentamos encontrarle el sentido a nuestra vida (como explica Viktor Frankl). O a la vida misma, más filosóficamente. Fijémonos cuánto tiene esto que ver con lo que los científicos cognitivos actualmente denominan “creencias”: el modelo de la realidad que cada uno se ha hecho (nuestra forma de asimilar el mundo y nosotros en él). Y fijémonos, por ende, cuán entramadas están las emociones con los procesos cognitivos del cerebro/mente –es decir, los procesos para conocer el mundo, percibirlo e interpretarlo, y los procesos de aprendizaje, memoria y atención.

Recomiendo que lean la nota que en noviembre le hizo a Michael la genial periodista científica de La Nación, Nora Bär, clickeando aquí. No tiene desperdicio. También pueden buscar algunos de sus libros en la web, como El Cerebro Social, El Cerebro Ético, y el recientemente lanzado ¿Quién está a cargo? Libre albedrío y la ciencia del cerebro.

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