La gratitud

¡Qué linda emoción! Esa sensación inconfundible de afinidad con la otra persona, por la que deseamos corresponderle. Queremos mostrarle cuánto valor nos representó algo que ese otro hizo por nosotros. Nos resulta grato un acto ajeno que el otro no tenía por qué haber hecho, y así uno siente una suerte de impulso por devolver la gracia. De ahí, justamente, surge el término <<agradecer>>.

Eso es lo lindo de la gratitud. Que nace de una transacción libre, desinteresada, y genera un círculo virtuoso. Como una cadena de favores, para parafrasear una película.

Y para ser fiel a la temática <<emocientífica>>, y porque no lo puedo evitar tampoco, me puse a investigar cómo es que puede haber surgido la gratitud misma. En la década de los ’70, el biólogo evolutivo Robert Trivers sugirió que el origen de un montón de emociones retributivas (esas que se sienten por reciprocidad) se remonta a miles y miles de años atrás, cuando éramos ‘homínidos’ y no todavía personas. Trivers se refirió a la conducta de <<altruismo recíproco>>. Parece un nombre muy pomposo, pero en realidad alude a algo simple. Por ejemplo, somos altruistas cuando desinteresadamente ayudamos a una abuelita a cruzar una avenida. En aquel pasado mil-milenario, el altruismo podía verse en un simio despiojando a otro. Un pequeño costo para el primero; un gran beneficio para el segundo.

Lo de <<recíproco>> apela a que aquellos recontra tátara abuelos homínidos nuestros ya se comportaban al estilo <<hoy por ti, mañana por mí>>. Una especie de <<favor con favor se paga>>. Mono a mono. Yo te despiojo a vos, vos me despiojas a mí. Como dicen los biólogos, ésta forma de portarse es la causa por la cual apareció la cooperación en los primates. (Exacto, los simios cooperan, no es algo exclusivo de los humanos). Pero no podemos ignorar que la cooperación no surge como algo meramente frío y mecanicista. La verdad es que se siente bien ayudar a alguien. Y se siente bien corresponder de vuelta. La amistad sincera surge como una calidad de vínculo en la que nos hace bien promover los intereses del otro.

El debate actual en la ciencia se centra en qué fue primero, si esa dinámica de cooperación mutua o la satisfacción por ayudar. Un paralelo al huevo y la gallina, ¿no? Sea como haya sido, el altruismo recíproco de Trivers consigue explicar lo que vino después, porque todo un repertorio de emociones sociales surgió gracias a la cooperación retributiva.

La gratitud es en verdad tan sólo una hoja en ese abanico, en el cual también puede encontrarse la simpatía (esa predisposición actitudinal para ofrecer a alguien un favor de primera mano, para iniciar el circuito de retribución); la confianza y la desconfianza, (‘detectores de mentiras’ que permiten identificar si el altruismo es verdadero o está fingido a conveniencia); y hasta la culpa, que atormenta a quien no obró de buena fe y procura reparar un ventajismo o un provecho sacado sin dar nada a cambio.

Nunca mejor dicho: ¡Gracias por seguir mi blog!

 

Refs.:

• Pinker, Steven (1997), Cómo funciona la mente; Destino, Barcelona, 2008.

• Tomasello, Michael (2010), ¿Por qué cooperamos?; Katz Editores, Buenos Aires.

• Trivers, Robert L. (1971), <<The evolution of reciprocal altruism>>; Quarterly
Review of Biology
, 46, pp 35-57.

 

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