Candy Crush Manía: ¡estímulo supernormal!

La siguiente columna fue publicada en la revista Newsweek Argentina de Agosto 2013, p.55, en función de la nota de tapa. ¡Gracias a Exequiel Siddig y a Newsweek Argentina por el espacio y la invitación!

Tapa Newsweek Agosto 2013

   ¿Obsesionados con un juego para smartphones? ¿Puede ser posible? Sí, ¡por supuesto que sí! Y te voy a explicar por qué.

          Nuestros procesos emocionales no son recientes, sino que los fuimos ganando evolutivamente a medida que nos transformamos de simples mamíferos a primates, y finalmente a humanos. Para que te hagas una idea, el repertorio de emociones que tenemos hoy es el mismo al que nuestros antepasados echaban mano cuando tenían que resolver sus problemáticas de hace cuarenta mil años. El asunto es que con una puesta-en-escena como la contemporánea, los estímulos nos llevan a ‘encender’ nuestra circuitería emocional de manera disfuncional.

            Por ejemplo: está bien que sientas dolor por rechazo y exclusión, ya que en tiempos que habitábamos la sabana africana quedar fuera de la manada constituía un riesgo inmenso. Podías transformarte en cena para los leones. Y desde que eras un cachorro de homínido, debías reparar de inmediato la experiencia de separación para buscar la protección adecuada. Lo que no está bien es que hoy sientas una angustia tremenda porque tu pareja no te mandó el mensajito en whatsapp de los buenos días, o que te frustres porque tu foto en facebook no alcanzó todos los ‘me gusta’ que querías. Muchos de los estímulos que experimentás hoy en día son supernormales: apelan a tus emociones mucho más fuertemente que los estímulos que encontrarías en la naturaleza. Prácticamente, las secuestran. Y les quitan utilidad.

            Ese secuestro emocional se hace evidente con las adicciones al entretenimiento. ¿Por qué las máquinas tragamonedas nos dejan embobados tirando de la palanca? Porque, como buen estímulo supernormal, sobreestimulan nuestros circuitos de dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que fluye en ciertos circuitos de nuestro cerebro cuando nos exponemos a algo que nos entusiasma. Es la dopamina la que enciende la euforia de nuestra anticipación, y a medida que el estímulo sea más incierto nos atrapa más. Por eso se da el fenómeno del refuerzo intermitente en una máquina tragamonedas: ¿cuándo saldrá lo que queremos? El que-si-que-no de una potencial pareja, o la zanahoria en el trabajo, también nos seducen como el canto de una sirena.

            Juegos como el Candy Crush nos agarran los circuitos de dopamina como si fueran un titiritero, y nos dejan literalmente adictos. Y digo ‘adictos’ porque efectivamente los científicos descubrieron que las adicciones a ciertas conductas tienen los mismos fundamentos dopaminérgicos que las adicciones a drogas como la cocaína.

            Para agravar el asunto, la neurociencia contemporánea identificó que todo mamífero tiene un “sistema” emocional en el cerebro (constituido por conexiones neuronales y por transmisores químicos) al que podemos llamar <<sistema del juego>>. Es la razón por la cual todo cachorro juega con sus pares, para poder poner a prueba sus habilidades sociales y aprender a medir sus destrezas, integrándose con el resto. El asunto es que en nosotros los humanos muchos de los “sistemas” emocionales funcionan de manera constante a lo largo de toda nuestra vida. No se apagan luego de la infancia. Esto es precisamente lo que pasa con nuestro <<sistema del juego>>: sigue vigente aun hasta nuestra senectud.

     Se ha sabido explotar muy bien el <<sistema del juego>> en la economía contemporánea, con estímulos supernormales. Fijate el éxito que tiene el turismo, la industria del ocio y del entretenimiento, y también la del gaming (de la que el Candy Crush es parte).

            No te olvides tampoco de que el ser humano es un animal que naturalmente tiende a imitar, y por eso surgen las modas (como el “baile del caballo”). Sí, efectivamente también hay razones neurológicas profundas para que nos comportemos al estilo “mono-veo-mono-quiero”.

           ¿Será cuestión de que simplemente pase la moda de este juego móvil? Lo dudo. Si aprietan nuestros botones cerebrales de la emoción de manera adecuada, ya nos van a agarrar con otro jueguito muy pronto…

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