“La motivación y la emoción son dos caras de la misma moneda” – Diálogo con Ross Buck, University of Connecticut

          Mientras Buenos Aires hervía como una caldera en pleno verano, el campus de la Universidad de Connecticut estaba cubierto de nieve. Yo había viajado a Estados Unidos por trabajo, y una vez terminado mi objetivo postergué mi regreso lo suficiente como para poder tomarme un ómnibus de larga distancia hacia el norte, e ir a conocer a Ross Buck.

          En realidad, la cosa no fue impulsiva ni improvisada, sino que ya había planificado el encuentro. Incluso había preparado unos días de vacaciones para aprovecharlos antes de regresar a la urbe porteña. Desde que supe que iba a estar tan cerca de Buck, semanas antes de viajar, decidí que no podía perderme la oportunidad de conocerlo personalmente. Había leído sobre él en relación a sus investigaciones extensas sobre los mecanismos cerebrales de la emoción y la motivación humanas. Sabía que él había escrito cientos de artículos y reportes científicos (llamados papers), incluso tres libros. Sus propuestas sobre la relación entre emoción y motivación, algo en lo que investigo y que me interesa especialmente, me movieron -ya que hablamos de motivación- a buscar dialogar con él en persona. Así fue que le pregunté si podía ir a visitarlo a su trabajo -en su oficina del departamento de Ciencias de la Comunicación- aunque sea un ratito. Muy amablemente, Ross aceptó.

          Llegado el momento me bajé del ómnibus en Storrs, donde está la Universidad de Connecticut. Me resultó particularmente pacífica e integrada con la naturaleza. Como buen turista, no pude evitar sacar unas fotos con la cámara que llevaba conmigo. ¡Lo ridículo del caso es que después no me saqué una foto con Ross Buck en persona! (¡Ross, me debés esta para la próxima!). Así que aquí adjunto un par de fotos suyas de su propia página en la facu (click aquí: http://coms.uconn.edu/directory/faculty/rbuck/).

          Caminé un rato hasta encontrar el edificio donde Ross es profesor en Ciencias de la Comunicación. Ya me estaba esperando en su oficina tapizada de libros, con su carácter humilde y gentil típico de las personas brillantes que saben relacionarse con modestia a pesar de su grandeza. El Dr. (Ph.D.) Buck es conocido por su propuesta de los sistemas PRIME que combinan motivación y emoción (en un rato voy a explicar de qué se tratan). Ha enseñado psicología social, ha investigado extensamente sobre el desarrollo de la expresión emocional, los mecanismos cerebrales para que funcionen las emociones y las motivaciones, y los factores no verbales de la comunicación. Actualmente también se dedica al tema de las emociones en los medios (cine, etc.).

          Si nos ponemos a reflexionar, veremos que habitualmente lo que nos motiva es lo que nos genera emociones y lo que nos emociona nos provoca motivación. En efecto, motivaciones y emociones suelen encontrarse juntas en los libros académicos de psicología actual, catalogadas ambas como funciones <<activadoras>>. Activan, promueven, nuestra conducta. De hecho, la raíz latina de los términos ‘motivación’ y ‘emoción’ es la misma: moti y moción significan <<mover>>. Y así comenzó la charla.

          Ross Buck me explicó que la emoción y la motivación son dos caras de una misma moneda. Mientras yo advertía que su barba hacía juego con la nieve de afuera, Ross se refirió a esa moneda como un sistema. Tenemos varios sistemas de control del comportamiento. Un subconjunto de esos sistemas está integrado específicamente por aquellos de motivación-emoción. Cada uno de ellos tiene un <<potencial>>, algo que está latente, como un programa esperando que llegue el código justo que le dé una orden. Como un cajero automático esperando que ingreses tu clave personal. Ese <<potencial>> viene a ser la motivación.

          Ross me dijo: cuando un estímulo determinado oficia de input del sistema, ese potencial se activa. El <<entregable>> (alias salida, alias output) es, precisamente, la emoción. Trazando un análogo a la relación entre materia y energía en física, Ross me hizo advertir que uno nunca ve la energía en sí misma sino su manifestación a través de la materia: fuego, fuerza, calor. De la misma manera, la motivación nunca se ve. Sólo se aprecia su manifestación en emoción.

          Veamos un ejemplo: Mi motivación puede ser juntar 10.000 pesos antes de fin de año. O tal vez aprobar el examen de la materia más difícil de este cuatrimestre. Si el estímulo resulta positivo (conseguí ahorrar el monto que quería o salvé con buena nota), se me activa por dentro una experiencia de realización y de satisfacción. Me pongo contento, alegre. Sin embargo, si llega fin de año y no pude acumular lo suficiente, o si me dan la nota del examen y me fue mal, esos otros estímulos se comportan como una llave computada que detona la sensación de frustración y fracaso.

          Ross continuó: estos sistemas motivación-emoción son los que él denomina PRIMES. Su sigla en inglés significa <<Sistemas Primarios Motivacionales y Emocionales>>. Hay PRIMES muy cerca de lo instintivo, pegaditos a lo más profundo de nuestra biología. Por ejemplo: tener hambre y querer comer, temer a las serpientes y procurar evitarlas, o sentir dolor al quemarnos un dedo y retirarlo de la hornalla. Este tipo de PRIMES tiene fundamentos de circuitos cerebrales y neurotransmisores comunes para todos nosotros. Están estructurados genéticamente.

Adaptado del power point de Ross Buck “Emotional Experience, Expression, and Communication
A Developmental-Interactionist Approach to Biological and Higher-Level Social, Cognitive and Moral Emotions. – Part I Definitions” (se encuentra en la página web a la que hago referencia arriba)

          Por otro lado, hay PRIMES de índole más compleja, que exigen el procesamiento de la corteza cerebral, están sujetos al aprendizaje, a condicionamientos culturales, y por ende son menos rígidos. Se activan según la interpretación que hagamos (integran lo emocional con lo cognitivo y lo social) y se manifiestan de innumerables formas. Querer tener un buen desempeño ante un jefe, conseguir el reconocimiento de un amigo, o evitar la vergüenza de hablar en público, son motivaciones no rígidas. Sino que dependen de cuáles sean las convenciones sociales aceptadas, cuáles sean los estándares de desempeño de la actividad en particular, qué representan las otras personas para mí y su manera de evaluarme, etc.

          Los PRIMES no solo tienen en cuenta los estímulos externos, sino también los internos. Como los pensamientos o las especulaciones que hagamos. Incluso estímulos más sutiles, como el grado de azúcar en sangre (que, de hecho, también modifica la forma en que pensamos).

          Completando su explicación, Ross argumentó que la ‘salida’ de esos sistemas, la emoción, puede descomponerse en diferentes aspectos:

  • Salida I: cambios en tu cuerpo. Aceleración del ritmo cardíaco, etc.
  • Salida II: expresiones emocionales faciales.
  • Salida III: experiencia sensible subjetiva, saber con consciencia qué emociones estamos sintiendo.

          Si nos fijamos, hasta cierto punto podemos manejar la Salida II; y culturalmente aprendemos qué hacer con la Salida III. Tenemos la capacidad de expresar la Salida III de diferentes formas, dado el entorno social y nuestras creencias. Y por eso las emociones en principio parecerían ser tan variadas en calidad e intensidad, persona a persona, momento a momento.

          Sin embargo, se desprende del trabajo de Ross Buck que las emociones no son etéreas o nebulosas, sino que dependen de procesamientos bien concretos de nuestros sistemas PRIMES. Sistemas que integran circuitería innata con aprendizaje emocional. El aspecto innato queda en evidencia en la forma que se procesa la información de los estímulos. Las emociones no dejan de tener un cierto formato, un programa. Por ejemplo: si interpretamos una contingencia interpersonal como rechazo de los demás hacia nuestra persona, sentiremos vergüenza. Mientras que si la interpretamos como rechazo hacia simplemente una acción que hicimos, experimentaremos culpa.

          A mi criterio, interpretar a las emociones como parte de los mismos sistemas de control de comportamiento que generan motivaciones, es la respuesta que se estaba buscando en las ciencias cognitivas y en las neurociencias sociales. Muchos avances podrán hacerse, inclusive prácticos –clínicos y terapéuticos-, al evolucionar en el futuro los modelos de funcionamiento de nuestras emociones, como la otra cara de una misma moneda que también incorpora deseos e intereses.

          ¡Muchas gracias, Ross, una vez más!

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3 Responses to “La motivación y la emoción son dos caras de la misma moneda” – Diálogo con Ross Buck, University of Connecticut

  1. Mariana says:

    Hola! Y que pasa cuando no sentimos motivicacion, mas alla de las básicas? Por ejemplo en una depresión o incluso antes de llegar a ese estado? Se podría activar la motivación generando emociones? Se pueden generar emociones artificalmente?

    • Federico Fros Campelo says:

      Hola Mariana! Es difícil que no sintamos motivación, por la propia configuración de nuestros procesos emocionales en el cerebro. En ocasiones, en sujetos normales, sucede la “anhedonia” que es la falta de deseos generalizada. Podría explicarse por una reducción drástica de la actividad de un sistema cerebral que actualmente se lo llama “Sistema de Búsqueda” y cuyo combustible es la dopamina. En otros casos mucho menores en cantidad, ya podemos presenciar depresiones patológicas.
      Sí, estimularse emocionalmente genera motivaciones. Es importantísimo mantenerse en actividad, para siempre encontrar estímulos en el caso de que uno enfrente una depresión “normal”, ligera.
      Lo artificial de las emociones podría estar asociado a los “estímulos supernormales”. Tal vez te interese el tema. Escribí sobre esto aquí en este mismo blog.
      Gracias!

  2. Descomunal, formato de tu blog! ¿Cuanto tiempo llevas bloggeando? haces que leer en tu blog sea divertido. El aspecto total de tu web es magnífico, al igual que el material contenido!
    Saludos

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