La ebullición en primavera

      <<Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera>>. No me preguntes cuál es la fuente original de esta frase… Sólo te puedo decir que la leí más de una vez en algún que otro grafiti por ahí. La frase está a tono con la promesa que te hice hace ya varios meses, en aquel entonces que escribí un breve post sobre las emociones en invierno. ¿Para cuándo algún artículo sobre las emociones en primavera? Bueno, demoró, pero finalmente aquí está. Demoró tanto como los calores en este 2013, que llegaron después de un gran período primaveral con bastante frío.

          La frase del comienzo puede parecerte hermosa y poética. Y, en efecto, lo es. Pero en un tipo como yo, que no para de meter la nariz en biología evolutiva, en neurociencia de las emociones y otras yerbas, no hace más que evocarme los procesos internos que son propios de los cambios estacionales. Procesos internos que, por supuesto, impactan en todo el ecosistema. Es que, claro, haya flores o no, la expresión de los genes de los organismos vivos (y no sólo hablo de vegetales) transitan cambios importantes con la expansión de las horas de luz típicas del período primaveral. Y con el aumento de las temperaturas.

          Cambios tan importantes que llevan a las palomas macho a cortejar a las palomas hembra de esa manera tan típica que todos vemos habitualmente (¡en cualquier plaza del mundo!). Hacé click en el subtítulo de la foto de arriba y vas a acceder al video que yo mismo filmé. Ya te resultarán familiares esos saltitos, esos giros, esas corriditas y esas infladas de buche que se mandan los palomos en busca de un fugaz apareamiento. (Te tengo un segundo video más breve si hacés click aquí.) Pero… ¿vos suponés que nuestros comportamientos humanos no son tan estereotipados? Puede ser que tengas razón… sólo en parte…

campaña gráfica de preservativos - Junio 2010

campaña gráfica de preservativos – Junio 2010

          No hacemos tantos clichés en nuestros actos primaverales, pero sí hacemos los suficientes como para que en todos los 21 de Septiembre los adolescentes mantengan la tradición de ir a los bosques de Palermo a festejar el cambio de estación, alguna que otra marca de preservativos se mande una de esas campañas publicitarias que tapizan la ciudad más que los tulipanes mismos, y la mayoría de los hombres en el microcentro porteño anden dándose vuelta por la calle para grabar en sus retinas aunque sea unas décimas de segundo más a las chicas que ya se animan a ir más livianas de ropa.

          Es que hay ciertos genes que codifican una serie de proteínas que tienen que ver con la conducta sexual. Así que cuando se activan, consiguen despertar el típico deseo sexual estacional. El invierno se desvaneció, cada día hace un poco más de calor y además la cantidad de luz diurna a la que nos exponemos aumenta, y en determinadas células del cerebro, en la glándula pituitaria y en nuestras gónadas, estos genes que te digo se van activando gradualmente. Una vez que se supera cierto umbral de síntesis proteica, ¡listo el pollo! Los animales se ponen a hacer surcos en el suelo, a gruñir, a golpear con las patas, a ovular, a hacer los actos de seducción palomiles, y todo lo que sigue.

          El principio es el mismo en los adolescentes con hormonas en ebullición, en mujeres que eligen los escotes más grandes para ir a trabajar a la oficina (adelantando su bronceado con cama solar) y en los kiosqueros o taxistas que son los más propensos a decirte: <<¡Cómo se están viniendo las chicas, eh!>>. Frase que, por supuesto, no es tan poética como el primer grafiti.

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