La sociabilidad hecha añicos

          ¿Es posible que alguien amigable, educado, correcto, ético y comprometido con el trabajo desbarranque al 100% en su personalidad? ¿Puede alguien transformarse de un día para el otro en una persona poco sociable, grosera, impulsiva e irresponsable? Lamentablemente, el historial clínico de la neurología cuenta con un caso así. Es desafortunado, porque no fue voluntad del paciente cambiar de esa manera…

          Estoy hablando de Phineas Gage, un joven de 25 años que allá por 1848 trabajaba para una empresa de ferrocarriles en Estados Unidos. Gage era ‘dinamitero’: su trabajo consistía en perforar con dinamita y barras de hierro la roca sobre la cual se tenderían las vías. Triste fue el verano de aquel año, porque sufrió un accidente horrible. La dinamita que él manipulaba explotó antes de tiempo muy cerca de su cara e hizo salir disparada una de las barras de hierro que estaba usando para horadar la roca. Como si se tratara de un proyectil, la barra le entró por la mejilla y le salió por la parte de arriba de la cabeza a tal velocidad que nadie se dio cuenta de qué había pasado. Gage, aunque siguió vivo, tuvo una lesión muy concreta en su cerebro: sus lóbulos prefrontales se dañaron en gran medida. Con el tiempo consiguió recuperarse físicamente, pero sufrió tremendos cambios de carácter. Justamente, aquellos que describí al principio.

          ¿Por qué te estoy contando una historia tan tenebrosa? Bueno, más o menos en la misma época que Gage sufría el accidente se habían identificado otros casos de lesiones neurológicas en lugares bien concretos del cerebro. Ya para entonces se había podido concluir que existen sistemas cerebrales dedicados a la percepción, a la función motriz, y al lenguaje (como las famosas áreas de Broca y de Wernicke). Lo que aportó como novedad el lamentable caso de Gage fue que existen sistemas cerebrales dedicados en particular a las dimensiones sociales del razonamiento y del control emocional.

          Hoy día se sabe que nuestros lóbulos prefrontales son el asiento del llamado <<cerebro ejecutivo>>. Es allí donde se procesan muchas capacidades humanas únicas. ¿Por ejemplo? Anticipar y planear el futuro, actuar en consecuencia, comportarse dentro de un ambiente social complejo, el sentido de la responsabilidad hacia uno mismo, y moderar (e incluso inhibir) impulsos emocionales.

          ¿Cuál es la moraleja de la historia? Bueno, es evidente que gracias a muchos médicos y científicos puede descubrirse información valiosísima para nuestra especie humana a partir de un episodio horroroso. Geniales son aquellos que transforman los infortunios en aprendizaje y oportunidad.

          La revelación que ganamos es la siguiente: nuestras funciones cognitivas, nuestras funciones emocionales y tantas otras operaciones específicas de nuestra mente, están sustentadas por sistemas de procesamiento en nuestro cerebro. Más que un solo órgano, nuestro cerebro vendría a ser un conjunto de órganos. Una facultad compleja, como <<ser emocionalmente sociable>>, exige del procesamiento de múltiples pasos, que a su vez se localizan y distribuyen por los distintos recursos cerebrales.

.

Refs.:

• Damasio, Antonio R. (1996), El error de Descartes; Crítica; Barcelona, 2008.

This entry was posted in cerebro sentiens and tagged , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>