Las emociones en invierno

          El otro día, de casualidad, me crucé con un artículo en el diario El Comercio de Peru. La psicóloga que la autora entrevistaba, Erika Grados, comentaba que en invierno puede aparecer una cierta depresión de tipo estacional. Me llamó la atención porque, como toda publicación, a uno le llega más cuando hay algo de lo que se está diciendo que lo toca de manera personal (aunque lo que se diga tenga carácter riguroso o científico y aparentemente sea “distante” sentimentalmente). La nota evocó en mí aquella sensación tan particular que hace varios años el invierno de Escocia me hizo surgir… Con el sol desapareciendo del cielo a las 15:30 pm, con amaneceres súper tardíos -mucho después del desayuno ¡aunque lo tomaras re tarde!-, con días nublados y plomizos llenos de nieve que te golpeaba la cara de costado bajo la fuerza del viento y temperaturas que con suerte superaban los cero grados, yo me había comenzado a sentir muy aburrido y abatido a medida que pasaban las jornadas.

          La psicóloga Grados afirma que el descenso de la temperatura y la reducción de horas de luz en la temporada invernal pueden causar lo que se llama TAE (Trastorno Afectivo Estacional). Muchas personas experimentan una ligera depresión en otoño y en invierno, y sus síntomas pueden orbitar alrededor de la tristeza, el sentimiento de vacío, pesimismo y falta del entusiasmo habitual que caracterizan otras épocas del año como la primavera y el verano. Más aun, algunos llegan a cambiar bastante de peso, a ponerse irascibles y a sentir mucha ansiedad.

          Claro, ¡cómo no me iba yo a sentir mal en aquellas latitudes del norte! Allá fue que me di cuenta: soy un bicho de la temporada primavera/verano. Cuando el clima te resulta una prisión que no te deja salir a la calle a pasear, cuando tu organismo percibe drásticamente una reducción de la luz diurna, definitivamente te cambia el ánimo. Y para qué te voy a contar que justo estaba saliendo del invierno porteño y me tomé un avión para quedarme a vivir en el hemisferio opuesto… Ahora entiendo… mi cerebro esperaba que los días se hicieran más largos, pero de repente -por el contrario- se transformaron en espectros bien cortos de sol. Te digo que, de cualquier forma, la experiencia me brindó un buen aprendizaje de superación. Desde aquella vez, no hubo nunca más un invierno porteño que me pareciera crudo, demasiado frío u oscuro. ¿Viste? Uno no sabe cuán buenas son las circunstancias en las que vive hasta que cambia el escenario.

          Por supuesto que, estés donde estés, la depresión de invierno (aunque sea sutil y ocasional) puede haberte sucedido a vos también. Si alguna vez te pasó algo así, o esta estación de días más cortos te está bajoneando ahora mismo, la buena noticia es que podés prevenirlo. Erika Grados menciona una práctica llamada “fototerapia”: se utilizan lámparas que emiten una luz fluorescente y brillante que simula la luz del sol, y se puede recurrir diariamente a ellas todas las mañanas durante media hora.

          Por mi parte, también te aporto un par de sugerencias personales. No pases muchos fines de semana encerrado en tu casa aunque el frío de afuera te desaliente a salir. Que un viernes o un sábado no salgas por la noche no te va a llevar a sufrir ningún síntoma. Pero que te pases varios findes seguidos en tu cueva sí te quita el aporte de las interacciones sociales que son tan importantes a la hora de levantarle el ánimo a tu cerebro (y por cuestiones hormonales bien mensurables, como la oxitocina que segregamos cuando nos sentimos parte de un grupo social y que nos predispone de mejor humor e incluso nos provee más confianza en nosotros mismos). Tampoco dejes, por muy atareado que estés, de aprovechar los días de sol. No te olvides: hay cuestiones biológicas en tu organismo que están funcionando sin que te des la más mínima cuenta. Si el cielo diáfano y soleado aparece justo en tu día de descanso, mejor; salí aunque tengas mucho frío a darle la vuelta al perro. Pero si aparece en un día de semana, hacé algún recreo en el trabajo para mandarte a la calle y que te de un poco de solcito en la cara.

          Gracias a las investigaciones de psicólogos científicos estamos entendiendo que somos más normales de lo que creemos. Seguramente no tengas nada de malo cuando estás experimentando una emoción que no es habitual en vos, aunque sea durante varios días seguidos -como es el caso del posible desgano invernal. Es sólo cuestión de que entendamos el por qué de nuestros procesos emocionales y del funcionamiento de nuestros sentimientos según el entorno.

          Además, la esperanza siempre nos aporta perspectiva y entusiasmo. Que tu cerebro tome consciencia de que… ¡lo que está en su porvenir de mediano plazo es la primavera! Te prometo que cuando los días ya sean más largos y empiecen a florecer los bosques de Palermo entre las guitarras y las cervezas de los escolares, te voy a contar sobre las emociones en la próxima estación.

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2 Responses to Las emociones en invierno

  1. Daiana says:

    Muy bueno Fede ..es verdad yo siempre me quejo del invierno me tira abajo,
    siempre pido q venga el verano rapidoo…me encanta!
    igual voy a seguir tus tips de imvierno.

    besito!

  2. raúl says:

    Sabes que tenes razón Fede querido?? A dias de entrar a mi sexta decena de años, con más de una docena de ellos haciendo terapia, doy fe que tenes razón!!
    Me encantó tu encuadre!!!!!

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