La trazabilidad emocional

          Tus recuerdos emocionales más valiosos incluyen memorias de las personas que participaron en tu vida, y las sensaciones que experimentaste gracias a ellas. Pero muchos de esos recuerdos están teñidos por la intervención de marcas y productos, con sus imágenes, sabores, y la experiencia de consumirlos. ¿Te acordás de los juguetes de cuando estabas en la primaria? ¿Te acordás de qué lapiceras o máquinas usabas para escribir? ¿Te viene a la mente cual era la harina que usaba tu abuela para hacerte las galletitas al horno, o incluso la forma de ese horno y las bebidas que había arriba de la mesa cuando te sentabas a la merienda?

          Es inquietante darte cuenta de que esa cotidianidad emocional que vivís hoy, o los sentimientos que tanto añorás de cuando eras chico, están en buena medida construidos en base a un entorno que se elaboró de manera caprichosa por cuestiones económicas y bien distantes de tu corazón. Eso es precisamente lo que se revolvió dentro de mí cuando me puse a leer el extraordinario número de la revista Apertura de Mayo del 2013. Es un número en que, con motivo de celebrar su 30º aniversario, repasan rápidamente y con sagacidad un sinfín de episodios económico-sociales de nuestro país desde 1983.

          Y fue entonces que se me ocurrió importar el término trazabilidad de la disciplina de Gestión de Calidad, y aplicarlo a las emociones. Con la trazabilidad se trata de averiguar qué acciones en la larga trayectoria de conformación o transporte de un producto son responsables para que hoy esté teniendo lugar un cierto fenómeno. De la misma forma, puede trazarse hacia atrás -como si de un trabajo forense se tratara- el camino por el que los distintos eventos conformaron tus emociones. En particular, la inspiración me vino en este caso por todo aquello relacionado con el impacto de la economía y los productos sobre el desarrollo de quién sos vos hoy, de tu personalidad.

          Por ejemplo, cuando yo era chico mi mamá me llevaba al Supercoop para que la acompañara a hacer las compras. Era el supermercado de la Cooperativa del Hogar Obrero, que en su fachada ochentosa ostentaba algo así como “87 años al servicio del pueblo”. Claro, ese número cambiaba año tras año, pero si no me equivoco el cartel dejó de actualizarse alrededor precisamente del 87º, ya que en el año 1991 el Hogar Obrero suspendió el pago a sus ahorristas y… bye-bye. ¡Qué aventura entrar en el súper de una cooperativa cuya existencia surgió y desapareció sin mi más mínima intervención, y sin embargo me dejó impregnado de por vida hasta sus olores y los ruidos de los changuitos!

          Con entusiasmo me acercaba a la góndola de lácteos, y en sus heladeras encontraba el postre Sandy con su patito dibujado en la tapa. También me encantaba el yogur en frasquito de vidrio de la misma empresa que lo fabricaba, la famosa Vascongada. Resultó ser que en 1992 la italiana Parmalat compró la división de productos lácteos de La Vascongada. Por más que yo ya no fuese el niño que deambulaba entre las botellas de Tab y Teem, fusiones y adquisiciones como ésas aseguraron que ningún chico que me sucediese tendría el placer de recortar el patito de Sandy y jugar con él al comer el postrecito.

          ¿Y tu primera visita a Mc Donalds, que desembarcó en Argentina para el año ’87, qué memorias te evoca? ¿O acaso fuiste más tentado por el boom de la construcción de shoppings a fines de esa misma década? ¿Te acordás de cuando en el ‘88 sólo podías ver la tele de 18 a 23 hs. porque había crisis en el sistema de generación eléctrica? ¿Qué experiencias emocionales habrán formado parte de vos en aquel entonces dadas esas circunstancias?

          A comienzos de la década del noventa dejaban de existir los teléfonos públicos de Entel de color naranja, en los que tantos cospeles metiste para llamar a tu familia, pareja o amigos… sólo porque a nivel macroeconómico se privatizó el sector. Y tras esas decisiones bien lejos de tus sentimientos, se esfumaron tus experiencias (buenas o malas) con los blindados naranjosos a disco que te permitían hacer llamadas bajo orejones de plástico.

          El 25 de mayo del ‘90 el gobierno dividió a Entel en dos zonas. Una podría haber tenido el nombre de Bell Atlantic… pero terminó llamándose Telecom porque resultó ser que aquel primer conglomerado empresarial no reunía la cantidad suficiente de títulos de la deuda pública para poder participar. ¿Qué hubiera sido entonces de tu diversión con la Llama-que-llama, o de tus angustias por la llegada de la factura con el logo de la empresa que actualmente sigue existiendo? Muchos condicionamientos emocionales que llevás por dentro no serían hoy los mismos…

          Creo que el ejercicio de la trazabilidad emocional es verdaderamente inquietante. Probalo vos, charlando con amigos o familia, y fijate qué sentís…

This entry was posted in reflexiones and tagged , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

3 Responses to La trazabilidad emocional

  1. karina says:

    si…la trazabilidad nos permite redescubrirnos de algún modo en tiempos pasados y hasta explicarnos algo de lo que somos hoy…Sin duda, y a modo de escasos recuerdos, los atardeceres de verano, el Vascolet, Mafalda, Patouruzu, el cospel, vienen una y otra vez a desnudar la impronta inicial. Forjada y tallada aun a pesar de nuestras voluntades. Desde quién somos, hasta de dónde venimos para llegar al qué somos (no sé si tan relevante) debieron pasar muchos neurotransmisores, muchas citoquinas, muchas hormonas a los que la ciencia está empezando a “espiar”para felicidad de muchos. Apasionantes temas. Gracias por los aportes!

  2. Juan Manuel de Pablo Ortiz says:

    El post en si esta bueno. Igual me parece que hablar de trazabilidad tomando como referencia productos y bienes de consumos no sea lo mas saludable, ya que estaríamos recurriendo a definirnos en función de lo que consumimos y que ello le resulte conveniente al Marketing y a la sociedad de consumo, no necesariamente puede ser lo mejor para nosotros como individuos. Prefiero hacer mi trazabilidad en función de cosas como, haber sido boy scout, el primer beso robado, el primer sueldo, la primer entrevista de trabajo, los motivos para elegir la profesión que ejerzo hoy, el barrio en que vivi de chico. Esas cosas. Es una opinión personal y sin animos de promover ninguna discrepancia. Saludos. Me gusta tu blog.

    • Federico Fros Campelo says:

      Qué bueno lo que comentás Juan Manuel! Exactamente a eso aspiro, a estimular que pueda encontrarse -a partir de un pequeño canapé como un post- una visión más amplia de los temas. E incluso más profunda.
      Gracias por leerme! Abrazo!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>