Cuando el juego le gana al instinto maternal

Ludopatia 1          Esta semana me llamó la atención una noticia que está inmersa en pleno boom del negocio del juego en Argentina. Resulta que en Mendoza, durante los pasados días, sucedieron dos casos independientes entre sí, pero idénticos en forma: los padres dejaron encerrados a sus niños en los autos para ir al casino. En uno de los casos el niño tenía 3 años, mientras que en el otro estamos hablando de un bebé de tan sólo 15 días. Y no me estoy refiriendo solamente a la figura paterna como negligente, cosa que podría sonarte más plausible. En ambos episodios fueron papá y mamá los que tomaron la decisión.

         Los datos proporcionados por los medios dan escalofríos. En Mendoza, provincia donde ya funcionan 15 salas de apuestas, el Programa Provincial de Adicciones (PPA) recibe cada vez más consultas por consumos problemáticos. En 2010 se presentó un proyecto para prohibir los cajeros automáticos dentro de las salas de juego y en sus inmediaciones, pero el mismo quedó archivado. Las cifras que andan dando vueltas incomodan: se estima que el 3% de la población mendocina presenta ludopatía (lo que significa 70.000 personas). ¿Cómo se extrapolarán esos datos a todo el territorio nacional?

gambling          La ludopatía es una patología del comportamiento, cuyo nombre contiene la palabra ludo (sí, como aquel famoso juego de mesa con el que te divertías de chiquito). La raíz latina de semejante término tiene el significado de <<jugar>>. Lisa y llanamente, la ludopatía consiste en la adicción a los juegos. Hoy día se está hablando muy frecuentemente de tal comportamiento adictivo gracias a la proliferación de juegos en red en los que participan adolescentes, también gracias a la masificación de la PlayStation, la Wii y todas las opciones de jueguitos en celulares, tablets y redes sociales. El Farmville, el Candy Crush (sobre el que escribí una nota en Newsweek hace un año) y más recientemente el Preguntados vienen dando la nota en los últimos meses.

         Hay muchas características que un juego puede tener como para generar una adicción. El asunto es que ser adicto al Facebook o al Candy Crush puede ser bastante inofensivo. A lo sumo te quita tiempo, te distancia de las relaciones sociales y te distrae del entorno (en el cual podés conocer al amor de tu vida o pueden robarte, especialmente si vas en un medio de transporte público). Lo que no es inofensivo es hacerse adicto a las apuestas de un casino, porque terminás empeñando mucho más de lo que ya perdiste…

        ¿Qué le pasa al cerebro durante el juego? La característica fundamental del juego es que estimula nuestro cerebro bajo el refuerzo intermitente. Por más que suene pomposo, éste es el viejo y querido principio de las máquinas tragamonedas. Un premio por aquí y por allí, y para vos también de vez en cuando, de manera tal que tu cerebro queda incentivado y expectante a que lleguen las fichitas, dispuesto a afrontar las pérdidas en el proceso. Claro, el tema es que las pérdidas siempre son mayores que las ganancias, sino ¿cómo haría la banca de un casino para recaudar?

Ludopatia 3       Nuestro cerebro tiene un sistema cerebral que los neurocientíficos denominan <circuito de la recompensa>> o más recientemente Sistema-de-Búsqueda. En mi libro Mapas Emocionales desarrollo bastante al respecto. Alimentado por un neurotransmisor (una molécula química) denominado dopamina, este sistema es el responsable por todo el entusiasmo y la expectativa previos a la satisfacción. O a una posible satisfacción. En condiciones apropiadas, la dopamina se segrega de tal manera que consigue dejarnos pendientes y adictos. De hecho, el mecanismo de la adicción a las drogas sigue el mismo principio. En la psicología moderna, conociendo el trasfondo cerebral que te conté, ya se puede hablar con consistencia de conductas adictivas como las compras compulsivas o la pornografía en internet. Bueno, el juego es una de las mayores conductas adictivas en la sociedad moderna.

          En este kit cerebral de recursos que todos llevamos por naturaleza, otros sistemas cerebrales se encienden y se apagan en función de las circunstancias. ¿Por ejemplo? Algo poco sutil, pero elocuente, es el sueño. Compite con el estado de alerta que te pone los pelos de punta si se te aparece un tigre en plena calle, así que es poco probable que te pongas a dormir en una situación de riesgo. De cualquier manera, hay circunstancias en las que tenés que satisfacer el descanso o tu cerebro deja de funcionar apropiadamente. ¿Por qué tenemos programas en el cerebro que tiran en direcciones tan distintas? Este repertorio de recursos cerebrales que tiran en sentidos diversos son cortesía de la evolución, y es apropiado que los tengamos para resolver las vicisitudes de la supervivencia. El problema está cuando un circuito cerebral le gana a otro en el momento que no debería pasar.

Ludopatia 4     Estoy llegando al punto crucial de este artículo: también todos los mamíferos acarreamos genéticamente la circuitería necesaria para cuidar de nuestros hijos, denominada Sistema-de-Cuidado-Parental. No es necesario que tengas chicos para que este circuito se active. Fijate que de alguna manera los niños ya entrenan semejante recurso funcional con ositos de peluche, y las niñas especialmente juegan a las muñecas emulando a sus mamás. La empatía -condición esencial para cooperar en la sociedad, ponerse en el lugar del otro y proteger a quienes lo necesitan- tiene fundamentos neuronales y químicos comunes al Sistema-de-Cuidado-Parental.

          ¿Cómo una madre puede preferir el juego antes que a sus hijos? Ante una adicción, la dopamina ávida por la recompensa del juego puede ganarle jerárquicamente al instinto maternal. Se pone un sistema por arriba de otro y así se produce el comportamiento disfuncional. Esto es evidentemente lo que sucede en casos como los de Mendoza.

Ludopatia 5          El conocimiento de cómo funciona nuestro cerebro debería ser fundamental a la hora de instrumentar políticas públicas para solucionar (y prevenir) episodios que no favorecen a nadie. Ni a los padres, ni a los chicos que quedan encerrados en los autos por una simple bolilla que cae en algún lugar entre el 0 y el 36.

 .

Fuente:

• Mannino, Pablo (2014), <<Dejaron a sus hijos encerrados para ir al casino>>; La Nación, Jue 25 Sept 2014

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One Response to Cuando el juego le gana al instinto maternal

  1. Luciana says:

    Es lamentable lo que sucede…y al punto al que pueden llevarte las adicciones, una lastima por esos padres. Muy buen articulo Fede!
    Saludos.

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