La ilusión de Papá Noel y Reyes en los niños… ¿debe romperse?

ilusion de papa noel          Con motivo de una nota en la revista Luz del diario Perfil, la periodista y editora Sabrina López Rodríguez me hizo una entrevista que vale la pena compartir. Ahora que se acercan las fiestas y vuelve a ser protagónico el pensamiento mágico de los niños, nuevamente nos surgen las inquietudes sobre si está bien o está mal quebrarles la ilusión… y, eventualmente, a qué edad hacerlo. El conocimiento de cómo se desarrollan los procesos cerebrales de las emociones desde que somos chicos puede darnos algunas respuestas…

 

Sabrina: (S) – ¿Cuándo es el momento de decirle a un niño que Papá Noel no existe? ¿Cómo se les dice?  ¿Hasta qué edad está bien sostener estas creencias?

          Federico  (F) – Las disciplinas en las que investigo son la neurociencia, la psicología cognitiva (que estudia cómo son los procesos del cerebro) y la psicología evolutiva (que trata sobre cómo ganamos esos procesos cerebrales gracias a los millones de años de evolución). Afortunadamente, la integración de dichas disciplinas nos está abriendo la cabeza como humanidad, y no acotando nuestras perspectivas. ¿A qué me refiero con que ‘no acota’? Por ejemplo, a principios del siglo XX, el mundo de la pediatría estaba dominado por hombres, y se había dispersado como reguero de pólvora el concepto erróneo de que a los niños había que tocarlos lo menos posible, había que mantener distancia respecto a ellos sin sentimentalismos, e incluso –y esto te lo cito literal- había que <<extender la mano y estrechar la del niño en el saludo de las buenas noches>>.

          Este ejemplo pediátrico obsoleto de hace tantos años es evidencia de una visión ‘acotada’. La ciencia moderna trasciende mitos y, en este sentido, no provee una respuesta definitiva sobre cómo abordar ese momento de ‘contar-la-verdad’. No hay una edad exacta, como un relojito, en la cual sea bueno dejar de tener creencias de Papá Noel, los Reyes Magos y demás. Pero sí, gracias a las investigaciones, tenemos ya varios parámetros para evaluar cómo trabaja el cerebro de los niños y en qué circunstancias el pensamiento mágico es útil o deja de serlo. De estas cosas voy a hablarte en las respuestas que siguen.

S – Cuando los niños descubren esto por sus propios medios y nos lo cuentan… ¿qué es recomendable hacer…? ¿Tratar de seguir con el mito por considerar que el niño es muy chiquito y nos da pena que se haya roto su ilusión? ¿O lo mejor es terminar de aclarar la situación?

          F – Precisamente, uno de los parámetros que las ciencias modernas del cerebro y del comportamiento nos señalan es lo fundamental que le resulta a un niño convivir con otros niños de su edad. En esa convivencia, existe un proceso de COMPARACIÓN (y te lo digo así con mayúsculas porque es un programa emocional que todos llevamos dentro y funciona universalmente) ampliamente responsable de construir nuestra personalidad. Para poder superar obstáculos, para poder modelizar la conducta de los demás y autosuperarnos en nuestras aspiraciones con estrategias similares, es el mecanismo de COMPARACIÓN el que brilla.

            Como estarás sospechando, el mecanismo de COMPARACIÓN es el trasfondo de todas las experiencias que se sienten como emociones de vergüenza o envidia.

ilusion de reyes          Pero hay algo más: cuando comparativamente los demás niños tienen información que ostentan con otros, a estos últimos puede dolerles enormemente la sensación de inferioridad. (Fijate que ‘inferioridad’ es una experiencia de nuestro cerebro que surge a partir de este mecanismo que te describo). Es buenísimo que un niño se sienta par de sus amiguitos y no en desigualdad de condiciones. Si todos a su alrededor ya de alguna manera consiguieron enterarse que algunos mitos de navidad no existen, es una estrategia muy sagaz sentarse con el chico y aportarle datos de la realidad para contribuir a su autosuficiencia. En ese aporte, incluso, puede decírsele la verdad respecto a por qué no le habíamos dicho la verdad antes: es precisamente el amor de los padres el que intenta que el niño sea feliz con un pensamiento mágico que divierte y da esperanzas.

S – ¿Es saludable que los niños crean en Papá Noel y en los Reyes Magos? 

            F – El cerebro es un órgano que trae ciertos recursos de origen, como te decía en las respuestas anteriores (incluyendo la COMPARACIÓN), y también es un órgano que viene preparado para cambiar con la experiencia. Cambiar con el aprendizaje. La manera en que lo hace es gracias a la propiedad de que sus neuronas se reconectan cuando se incorpora información, fenómeno científicamente llamado neuroplasticidad.

            La neuroplasticidad sucede a todas etapas de nuestra vida. Así que tiempo para re-aprender nos sobra, especialmente a partir de nuestra infancia. Mientras la creencia sea inofensiva, como papá Noel y los Reyes Magos, no debe preocuparnos. Más aún si esa creencia es fuente de expectativas positivas, esperanza y alegría. Tiempo para desilusionarnos también sobra en nuestras vidas, y por supuesto que la sociedad tarde o temprano educará a nuestros hijos con variables más ‘realistas’.

            ¿Sabés qué dos cosas son las que más me preocupan, mucho más que algo inofensivo como los reyes magos? Por un lado, el hecho de que a los niños se les miente hasta avanzada edad sobre <<¿de dónde venimos?>>. Una educación sexual saludable no debe esconder hechos que son realmente prudentes, más para cuando llegue la preadolescencia y los chicos deban ya contar con estrategias para afrontar las que luego serán sus primeras experiencias. Ahí sí debemos ser lo más realistas posibles, cosa que educa a toda una sociedad en la prevención de embarazos no deseados, transmisión de enfermedades, etc.

            Por otro lado, me preocupa enormemente que haya una cantidad inmensa de adultos que mantienen el pensamiento mágico en otras cosas que nada tienen que ver con Papá Noel o los Reyes Magos. En cuestiones que no son tan inofensivas, porque gestan paradigmas equivocados para toda una sociedad. Por ejemplo, yo lucho enormemente para presentarle evidencias a la gente de que nuestras emociones no son etéreas ni nebulosas, sino el resultado de procesos internos que involucran a nuestro cerebro y a nuestro cuerpo. No hay emociones en una piedra ni en un ambiente vacío, sino en un animal con un sistema nervioso evolucionado para provocarlas.

S – El premio-castigo “portate bien o le cuento a papá Noel para que no te traiga regalos”, ¿es perjudicial para la crianza de un niño? 

se rompe la ilusion            F – Toda amenaza, está comprobado, funciona mucho peor que una promesa de recompensa. Incluso en adultos.

          Cuando a un niño le decís <<Si no te comés las verduras, no tenés postre>>, no estás activando sus circuitos cerebrales de la misma manera que cuando le decís <<Si te comés las verduras, vas a tener postre>>. Parece un simple juego de palabras, pero no lo es. En este último caso, el sistema cerebral de recompensa se activa apropiadamente y estimula en un cerebro infantil el entusiasmo por llevar a cambo una tarea para obtener un estímulo gratificante.

          La propia educación importa estrategias provenientes de las neurociencias y de las ramas que te mencioné de la psicología, para ser más efectiva a la hora de cambiar los hábitos de los niños. En el sexto capítulo de mi primer libro (Ciencia de las Emociones) precisamente desarrollo cómo es que cambian los procesos emocionales que todos llevamos en el cerebro desde que somos niños, y cómo nos conviene abordarlos.

S – Ahora con la tecnología (tablets, internet, celulares…) los chicos tienen mucho acceso a todo. Un niño de hace 30 años era muy distinto a un niño de hoy. ¿Cómo repercuten estos cambios en la imaginación? ¿Cómo es la relación de los “niños 2.0” con poner agua y pasto en los zapatitos…?

            F – Siempre digo que la tecnología no es el fin, sino el medio para conseguir un objetivo. Nuestra obsesión de adultos con estas herramientas no tiene que ver con ellas en sí mismas, sino con las promesas que ellas le hacen a nuestro cerebro: (a) que nunca vamos a estar solos, (b) que siempre va a haber una red social en la que yo pueda ser la autoridad y contar mi opinión, (c) que nunca voy a aburrirme.

            Los niños tienen procesos cerebrales de IMITACIÓN (otra vez merece las mayúsculas) que están encendidos como una lamparita incandescente. Fijate que cuando salen del colegio y ven a un compañerito salir del kiosko de enfrente con un heladito, te miran y te dicen <<mamá, ¡yo también quiero!>>.

            Los adultos hicimos de las pantallas un objeto de deseo por parte de los niños. En su búsqueda de autonomía, los niños aspiran a ser y tener aquello que ven en los más grandes. ¡Cómo no habrían de interesarte en toda la parafernalia de objetos tecnológicos!

            De todas maneras, repito, en un cerebro infantil los objetos tecnológicos no son el fin sino el medio para compararse, ganar autonomía, aprender por imitación e incorporar los hábitos de la sociedad que los contiene. Un niño expuesto adicionalmente a otros juguetes, a ladrillitos, a zapatitos para los reyes, puede encontrar en estos últimos los medios suficientes para satisfacer todos sus programas emocionales internos.

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